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Navegando por la 'red de redes' encontramos una breve reseña sobre la Quisquilla, firmada por Carlos Maribona en el XL Semanal del 14 de septiembre de 2020. En ella compara los 'camarones' del norte de España con nuestra Miss del Mar. Un duelo que la motrileña más sabrosa gana sin despeinarse. Y nosotros, orgullosos de que se reconozcan sus encantos hasta el infinito y más allá, nos sumamos a su difusión. Degustar una Quisquilla de Motril cruda es un placer que todo el mundo merece experimentar, al menos, una vez en la vida. Somos muy partidarios de los juegos gastronómicos, las catas a ciegas, las adivinanzas culinarias ...

Lourdes Martín Estévez es autora de la web gastronómica yaseloquequiero.com y una defensora activa del glamour de la Quisquilla de Motril. No concibe una celebración sin ella, siempre rodeada de chispeantes burbujas en copas preciosas. Su rostro palidece al recordar que la fiesta del pescado y el marisco del litoral granadino se llama ‘La Quisquillá’. Una iniciativa que, reconoce, “está haciendo todo de maravilla pero, con el nombre equivocado”. Y explica que, cuando le pones un acento a algo, estás indicando que hay mucho. Que sobra. Que es popular. Y algo popular no puede ser exclusivo, porque son conceptos incompatibles. “La Quisquillá suena a que vamos a hartarnos de quisquillas hasta que nos salgan por las orejas, porque tenemos quisquillas...

La quisquilla de Motril se vende por calibres, una medida que indica la cantidad de quisquillas que caben en una libra (1 libra equivale a 453 gramos). Si té preguntas por qué no medimos en kilos los calibres de nuestra reina de los mares, la respuesta es que este sistema de medición se inventó en Norte América, con el fin de organizar el tamaño de los crustáceos. Y ellos lo miden todo en libras. Pero lo importante es que entiendas que a menor calibre, mayor será el tamaño de la quisquilla. Por ejemplo, la fracción 26/30 significa que, si compras 453 gramos de quisquillas de Motril, tu pescadero va a echar en tu bolsa entre 26 y 30 quisquillas. Es...

Humildad, qué bonita eres. Y qué difícil es, a veces, encontrarte. Nos sonrojamos, como la quisquilla de Motril al calentarse, cuando leemos contenidos elaborados por redactores que, sin pudor alguno, sientan cátedra sobre asuntos que no terminan de dominar (porque, ¿quién sabe todo sobre algo?) y, como decimos en la Costa Tropical, se "quedan tan anchos". Hay quien califica de sacrilegio el hecho de acompañar una quisquilla de cerveza o vino tinto. Entendemos que este tipo de afirmaciones deben atribuirse a personas que aún desconocen el placer de tomarse una caña bien fría con unas quisquillas cocidas en sal y rápidamente enfriadas en hielo. Una sensación que, Gerardo Corzo, gerente de Bodegas Mar, se sabe de memoria porque lleva experimentándola...

La quisquilla de Motril, sea de nasa o salvaje, es un manjar. Y esa es la base de la que hay que partir. Si bien es cierto que la segunda tiene, según Álvaro García, un sabor "más natural". El chef de la quisquilla reconoce haber jugado, en varias ocasiones, a catar a ciegas quisquillas capturadas tanto con nasas como con redes de arrastre, con el fin de adivinar cuál es cuál. Y, aunque no es tarea fácil, acaba acertando. La primera gran diferencia es el precio. Un dato que García desconoce cuando participa en este tipo de juegos y que, por tanto, no influye en su veredicto. Sin embargo, es interesante saber que un kilo de quisquillas salvajes de Motril ha...

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